Matemáticas y lenguaje: pensamiento lógico y símbolos de comunicación – Periódico El Caribe


La educación tradicional ha otorgado un 10% de la puntuación por asistencia a la enseñanza presencial. El surgimiento de la conectividad por internet hasta llegar a los digitales, ha llevado a la educación a ser ofrecida “en línea” incluidos post grados. Los medios digitales y el avance de la ciencia han revolucionado la educación.
La sola obligación de asistir hace incómodo el proceso enseñanza aprendizaje, en el que al alumno se le impone la “memorización para aprobar la asignatura”. Lo procedente es cultivar el pensamiento lógico, creativo y matemático, dejando a un lado la memorización.

Pensamiento lógico

Los números y las letras son símbolos de la comunicación; ambos van mezclados desde los primeros meses del nacimiento. En el inicio de esos meses la comunicación se produce con intercambios de balbuceos entre los padres y el niño. Luego, debe cuidarse la dicción correcta, aún bajo el supuesto de creerlo innecesario.

Las matemáticas van surgiendo entre los espacios en que se va moviendo al niño. Las matemáticas y el lenguaje constituyen para siempre símbolos de la comunicación. Su desarrollo temprano consolida la base para una formación sostenida.

La neurociencia ofrece hallazgos de mucha importancia para ese desarrollo, no sólo de la comunicación, sino también del pensamiento lógico y la creatividad. Cultivar temprano un pensamiento lógico, desarrolla en niño su capacidad creadora, de inventiva y emprendurismo. Es decir, lo aleja de la memorización, para dotarlo de un cerebro con el perfil arquitectónico para crear y aportar.

En los medios académicos es frecuente encontrar personas con una cultura amplia, conocedores de títulos y autores una de cultura “libresca”; pero incapaces de conjugar sus estudios para crear conclusiones o nuevas formulaciones. Simplemente son cultos, pero no creativos por ausencia de un pensamiento lógico. De ahí lo que fue expuesto en la entrega anterior de “Aprender Haciendo”, y las matemáticas y las letras no sólo comunican, sino también desarrollan el pensamiento lógico.

Neuroeducación vs matemáticas y lenguaje

A propósito de las explicaciones precedentes y a las características de las matemáticas y el lenguaje, así como el valor en su aprendizaje, procede verificar algunos aportes de la Neurociencia; no sin antes recordar que el desarrollo arquitectónico del cerebro lo construye la simbiosis entre las conexiones neuronales del cerebro con las experiencias en el aprendizaje.

“El cerebro humano recibe unos 400.000 millones de bits de información por segundo, pero sólo somos conscientes de dos mil. De esa información registrada conscientemente, la memoria guarda aproximadamente un 10%. En el mejor de los casos de extrema atención, cuando nos dedicamos a exponer una lección la memoria a corto plazo retiene el 10% de la información registrada por el cerebro consciente. Si a esto añadimos que la exposición informativa de un tema exige habitualmente que el alumno se limite tan sólo a escuchar, lo que se provoca es una pasiva actividad cerebral y, dado que los estímulos del cerebro son bajos, suele inhibirse la motivación y variables afectivo-sociales, inhibiéndose también las respuestas de acción y reacción mental.” (“Neurociencias y Enseñanza de la Matemática”. Prólogo de algunos retos educativos José Antonio Fernández Bravo, Profesor de Didáctica de la Matemática Centro de Enseñanza Superior Don Bosco Universidad Complutense de Madrid 2010).

“Diferente fijación cerebral se observa -agrega el profesor Fernández Bravo- cuando presentamos propuestas desafiantes de obligado esfuerzo intelectual, o generamos diálogos abiertos a la búsqueda de conocimiento mediante intervenciones que permiten al aprendizaje el protagonismo que necesita (…) La actividad cerebral aumenta, y aumenta la cantidad de respuestas que se despliegan ante los estímulos percibidos. Se activan las atribuciones, la motivación, la reflexión, la autoestima. El cerebro consciente registra mucha más información, se mejora la memoria de trabajo y se retiene durante más tiempo”.

El proceso enseñanza aprendizaje tiene sus complejidades, pero simples de entender. Así como se “Aprende Haciendo”, es porque el aprendizaje entra por los sentidos. Puede suponerse que la visión y el oído son los dos sentidos más importantes; no, todos son importantes, y cuidado porque el tacto (las manos) puede que sea el principal para “hacer”.

Eso se explica porque: “Las terminaciones nerviosas que tenemos en las yemas de los dedos estimulan nuestro cerebro. La manipulación de materiales genera una actividad cerebral que facilita la comprensión. Cuando se entiende y comprende lo que se está aprendiendo se activan varias áreas cerebrales, mientras que cuando se memoriza sin sentido, la actividad neuronal es mucho más pobre” (Ídem, Fernández Bravo).

La Neuroeducación aporta más formulaciones que permiten enriquecer el proceso enseñanza-aprendizaje, en especial de las matemáticas y el lenguaje.

“Aparentemente el cerebro emplea inicialmente el sentido viso-espacial de la cantidad, y luego lo combina con los símbolos matemáticos que aprende y que están relacionados con el lenguaje (De Smedt, Holloway, & Ansari, 2011, pp. 771-781).
Cuando se realiza un cálculo, ambos sistemas comienzan a trabajar. Estos procesos se pueden realizar conjuntamente o en forma independiente. Los cálculos exactos dependen del lóbulo frontal izquierdo, lóbulo encargado del lenguaje y la asociación entre palabras. Las aproximaciones o estimaciones matemáticas emplean el hemisferio derecho, aunque también puede participar el hemisferio izquierdo”. (Rafael Antonio Vargas (“Matemáticas y neurociencias: una aproximación al desarrollo del pensamiento matemático desde una perspectiva biológica, 2013).

Los hallazgos de la Neurociencia han creado áreas especializadas, la Neuroeducación y Neuropedagogía, que colocan la enseñanza sobre bases definidas. Vale decir, con palabras del profesor Fernández Bravo (Ídem), lo siguiente:

“Los comienzos de un aprendizaje (de cero a seis años) son fundamentales. Ante las situaciones novedosas el cerebro suele responder con un alto grado de motivación e interés: los comienzos de una etapa escolar, la iniciación de un tema, los primeros pasos de una asignatura, la utilización de un recurso o material (…). El cerebro guarda en la memoria con extrema fijación los sentimientos generados por la emoción recibida (…). A partir de ese momento el cerebro toma decisión de aceptación o rechazo al tema o experiencia iniciada, repercutiendo considerablemente en los posteriores aprendizajes que se puedan relacionar con los tratados (…)”.

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